Vos nos vas a sostener: adiós a Marciano Cantero

En algún lugar de mi casa hay una caja. Y en el fondo de esa caja hay otra caja. Una vieja caja de pizza que nunca fue usada para sus fines ‘naturales’. En su interior reposan un par de revistas de finales de los 90s, algunas fotos de la misma época, dos discos de vinilo y una toalla pequeña. 1986 y 1988 son los años de esos álbumes: Contrareloj y Carrousel. Al igual que los vinilos, la toalla tiene tres firmas: Daniel Piccolo, Felipe Staiti… Marciano Cantero.

Siempre que abro esa caja, vienen a mí tres recuerdos especiales. El primero evoca esa tarde en la que conseguí sus firmas. Escribo ‘conseguí’ porque en aquel entonces aquello representaba todo un deporte… fue en el Dada X, en una convivencia convocada por la extinta Órbita 105.7 fm. Esas firmas tenían un valor particular para mí, pues la música de Los Enanitos Verdes significó encontrar esos sonidos que podía llamar plenamente míos.

A Los Enanitos Verdes llegué vía la generación de mi tío, la del auge brutal del Rock En Tu Idioma. Aquellas canciones fueron el soundtrack con el que caminé el puente que va de mi infancia a mi juventud. Y los vi en vivo tantas veces. Nunca me aburrieron, debo decir. La primera vez fue gratis y en el Tianguis del Chopo. ¿1996, 97? La fecha se me escapa totalmente… pero no así las sensaciones: el encuentro sobre el asfalto de rolas que eran himnos de vida: “Por el resto”, “Te vi en un tren”, su versión de “El extraño del pelo largo”, “No me verás”.

Un tercer retazo de nostalgia: estoy en la primera fila de lo que entonces se llamaba el “Mala Vida”. Si la memoria no me falla, eso era antes el Rock Stock… o quizá el Bulldog, en su sede original. El antro -así les decíamos por entonces- no estaba del todo terminado, pero funcionaba bastante bien para grabar un concierto acústico. Es octubre de 1997 y yo cuento apenas 15 años de edad. En algún momento, una chica se sienta junto a mí bastante molesta, pues los guardias de seguridad no le permitían entrar al evento. Ella tiene casi 27 años, acaba de lanzar su primer álbum solista y la han invitado a tocar en dos rolas con su inusual, al menos para el mundo del rock, instrumento: el acordeón. Se llama Julieta Venegas.

Han pasado 25 años desde aquello… y más de 40 desde su debut. Es curioso pensar en Los Enanitos Verdes porque, en nuestra mente, ellos siempre fueron parte del sello de lo argentino. Pero lo cierto es que en Argentina se les escucha menos que en México, país donde habita su más grande fanaticada y cuya nacionalidad adoptó el propio Marciano. En fin, ya lo decía Chavela Vargas: los mexicanos nacemos donde se nos da la chingada gana.

Y sigue siendo curioso pensar en Los Enanitos Verdes porque, una vez más en nuestra mente, ellos siempre fueron parte de ese sello que marcó nuestro pasado: el Rock En Tu Idioma. Pero lo cierto es que su luz creativa nunca se apagó. Con el peso sobre los hombros de haber compuesto muchos de los grandes clásicos del rock en español, siguieron componiendo canciones bárbaras y abarrotando foros. “No me dejes caer” fue la última que me capturó totalmente, en 2013.

La partida de Marciano Cantero abre un hueco imposible de llenar en millones de corazones. No solo porque fue uno de los grandes letristas del rock en español, no solo porque su encanto discreto sobre el escenario jamás le arrebataba brillo a su banda, no solo porque sus canciones nos seguirán acompañando en noches de fiesta o en tardes de soledad… sino porque fue siempre una suerte de héroe-amigo, de ídolo-cómplice.

Los reflectores nunca lo deslumbraron; los aviones nunca dejaron de fascinarle. Aunque en Hermosillo, lugar en el que vivió por muchos años, no había equipos de futbol, su amor por el Club Atlético Argentino jamás se apagó. Tampoco su amor por Viviana, ese que tomó forma de canción en 1986, “Tus viejas cartas”, y que tuvo desenlace novelesco 30 años después, cuando se casó con ella. Las canciones que nos deja siempre supieron conquistarnos por nuestro lado más débil: el de la plena convicción de que no solo eran reales y auténticas, sino de que habían sido compuestas específicamente para nosotros… y eso no hay forma de agradecerlo.

Buena parte de los que hoy lloramos su muerte sentimos caer el paso de los años: pensamos en fotos y aunque los cuerpos hayan cambiado, seguimos intentando hacer lo que el corazón diga…


Ayer por la noche, 8 de septiembre de 2022, nos sacudió la noticia mientras navegábamos montones de memes sobre otra muerte… Horacio Eduardo Cantero Hernández dejó este mundo a los 62 años de edad. Solo podemos decir: gracias por tanto, Marciano, te seguiremos escuchando… por el resto de nuestros días.

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